Odio este deseo,
mi rendición salvaje,
el espacio muerto que nace
entre el soplo del instinto
y la blandura de las aguas,
el cincel que estalla en mi latido,
el grito de mi amarre y tu llamada,
las cuerdas que me atraen a la rabia,
mi sexo respirando por la boca
esta debilidad manifiesta.
mi rendición salvaje,
el espacio muerto que nace
entre el soplo del instinto
y la blandura de las aguas,
el cincel que estalla en mi latido,
el grito de mi amarre y tu llamada,
las cuerdas que me atraen a la rabia,
mi sexo respirando por la boca
esta debilidad manifiesta.
Odio el movimiento del silencio,
esta noche que posee
y cerca la distancia,
el silbido lejos,
la agridulce sentencia
de una entrega imposible,
como un sólido buque de combate
con la carga de mis feroces mordeduras
que encalla febril y desarmado
en la firmeza de tu voz
que me circula en la carne.
Odio mi pecho que tiembla,
que se deshace abierto en su encogida
y cálida pasión de doncella,
el milagro de mi naturaleza tan desnuda,
la caída del muro que despiertas,
la aventura en la memoria pasajera,
el asalto perturbado en mis líneas de fuego.
Te das la vuelta.
Y las flores de tu risa, que presiento,
se suman a mi angustia.
Y las flores de tu risa, que presiento,
se suman a mi angustia.
Odio cuando rompes
el fondo de mi cuerpo
para embarcarme
en la fina seda de tus redes
de una eternidad de lluvia sobre mi.
el fondo de mi cuerpo
para embarcarme
en la fina seda de tus redes
de una eternidad de lluvia sobre mi.
Por qué me llamas?
Por qué me invocas los demonios de la carne,
para qué sentir que yo te pertenezco?
Odio este deseo que me enciendes,
como antorchas en un túnel para ver que existo.
Cómo pellizcas mi rosa
con mil lenguas de serpiente,
deleitosas y falsas.
Cómo soy sólo un cielo vacío,
un frío mundo lleno de huesos.
Un nombre inmóvil.
Un desnudo refugio de ausencia.
Cómo vienes a clavarme tu bandera,
la herida que recuerde tu dominio.
Cómo vienes a proclamarme que soy
tuya cuando quieres,
vida en tus manos,
sangre derramada,
poder y pertenencia.
Zozobra y naufragio.
No conoceremos la profundidad
de esta sima que nos separa y nos une.
Por eso odio mi desprendido viaje hacia tu abismo,
como sol que se arroja en ofrenda
a la oscuridad de un aullido despiadado.
Por eso odio este deseo
que me hace saltar por los aires
que baña mi locura
en un corazón de sombras. "
Pilar de César
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